lunes, 25 de mayo de 2009

OIMAKU del conejo amarillo

OIMAKU del conejo amarillo que tanto me gustaba de pequeño. Lo llevé un día al colegio y nunca lo volví a ver.

3 comentarios:

Madame Blavatsky dijo...

Eso de los juguetes d la infancia perdidos es todo un mundo. yo de pequeña tenía un Nono, ¿os acordáis de aquella serie de dibujos en la que Ulises y toda su familia no pertenecían a la época griega sino al futuro y viajaban todos juntos en una nave espacial? Telémaco, Penélope... y la mascota era un pequeño robot rojo que se llamaba Nono, y era muy listo y muy bonico. Pues bien, mi abuela me había regalado uno, pero años después, cuando lo recordé no pude encontrarlo nunca, ni siquiera recuerdo cómo lo perdí, o qué fue de él... creo recordar que se rompió y mi madre lo debió tirar, fomentando así, por resorte de rabia, el complejo de Diógenes que aún arrastro. A veces pienso si fue real o no...

Anónimo dijo...

Diosssssss, has hecho que recuerde al Hombre-Mofeta. Era una figura articulada, uno de los malos de He-man (aunque no sé de dónde pq no recuerdo haberlo visto en los dibujos).

El caso es que el muñeco soltaba una peste digna de su nombre. Mi madre lo odiaba. A mí, por supuesto, me encantaba. Al final, acabó como el resto de muñecos de He-man y de las Tortugas ninja en una bolsa en el armario de los juguetes. La peste seguía. Me confié durante años y, cuando volví a busarlo, ya no estaba. Sólo su hedor asqueroso.

Mi madre jura que no lo tiró, pero no sé yo. La verdad, la peste era importante. Su recuerdo quedará para siempre en el armario.

Madame Blavatsky dijo...

jajajajjajjaja, qué horror! no me extraña que tu madre lo tirase... cómo puede un juguete oler mal?? al menos mi Nono no olía mal... si es que verdaeramente existió.. juajuaa