OIMAKU del juego del Tragabolas, tan absurdo como adictivo como cansino, en el que uno se hacía polvo dándole con frenesí drogodependiente a la palanca de un hipopótamo de plástico rosa. Esta esencia confusa del juego inspiró su propia canción, igualmente absurda, adictiva y cansina a matar. Sin duda, lo que menos soportaba era el gritito al final del niño repelente que ganaba.
3 comentarios:
Te entiendo, a mi tb me daba muchísima rabia oír al niño ése de la voz de pito diciendo "gané!" :P
De todas formas, el juego me gustaba mucho, aunque terminaba con a palma de la mano roja de tanto apretar la palanquita negra!
Grandes momentos...
Jjjajaja!
Natalia tenía un tragabolas de viaje...a ver si jugamos un día, preferentemente bajo los efluvios del alcohol! XD
Publicar un comentario